Diego dixit:
Espejo
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para conocer la soledad
Los pasos de todos
resuenan en los oídos
Cada día cruzas
miradas con otros ojos
que no conoces
nunca lo harás
A la vuelta de la esquina
detrás de una ventana
al otro lado de la vía
en la mesa vecina
hay una boca
que desea ir contigo
escuchar tus historias
reír tus sonrisas
Perdidos, en esta selva
de concreto
de ensaladas
de lectores
de azucenas
de franelas
de revistas
de amarillos
de canciones que no llegan
y recuerdos
que destilan mundos
resquebrajados
por dos hojas que se abren,
hay dos labios húmedos
carnosos insaciables
chupando de la ubre de la urbe
a la espera
de tomar tú mano
y saber
que así -juntos
y repletos de amigos-
aún están solos
AZUL
Pero todo cambió una mañana en que una inmensa mancha gris cubrió todo el cielo y nuestra flor al sol no pudo ver. Azul no sabía que pasaba, enojada le gritó a la mancha que se quitara que no fuera cruel y le permitiera ver a su amado. Pero la mancha no se movió ni le respondió ni nada.
Azul era muy joven y no sabía que hacer. Así, les preguntó a los más viejos que conocía. Le pregunto a los dos árboles más cercanos que pasaba y si ellos podrían mover a esa cosa que tapaba al sol. Los árboles le dijeron que esa mancha se llama nube y aunque cada vez sea más obscura no es mala y que en algún momento se quitará. Pero la flor quería ver ya a su amante y decidió que si alguien sabría hacer algo es el pasto, pues necesita mucho, mucho sol para vivir.
- Pasto, pasto, tu que siempre miras al sol, ¿puedes quitar esa nube que lo tapa y me hace infeliz? El pasto le respondió que esa nube no es mala, aunque siga creciendo, y verá que algún día se quitará. Ella le creyó al pasto y a los árboles, pero se pasaba la mañana y al sol no veía. En ese momento pasó por ahí un conejo en busca de pastito para comer.
- Conejo, conejo, tu que conoces lo que pasa en el mundo que se mueve, ¿puedes quitar esa nube que tapa al sol y me hace infeliz? El conejo le respondió que esa nube es buena, que no debía llorar sino alegrarse de que esa nube estuviera ahí. Azul le creyó al conejo pero ya era mediodía y el sol no aparecía.
Azul estaba muy triste y veía como la nube crecía y se obscurecía. A punto del llanto, la florcita vio que pasaba un gran lobo y le grito para que se acercara. No le tenía miedo al lobo porque todos saben que los lobos no comen flores.
- Lobo, lobo, tu que has viajado más allá del bosque, ¿puedes quitar esa nube que tapa al sol y me hace infeliz? El lobo le contestó que era muy bueno que esa nube estuviera ahí arriba y que se pusiera tan negra como ese día. Azul le creyó al sabio lobo lo que dijo pero no comprendía porque era bueno que le taparan el sol. Se entristeció tanto y estaba tan desconsolada que comenzó a llorar, su polen caía y sus pétalos temblaban. La gigante y negra nube logró escuchar el diminuto llanto de Azul. Nube la comprendió y decidió terminar con su pena. Nube comenzó a llover.
Azul sintió las gotas de lluvia que Nube dejaba caer, no entendía que pasaba pero se sentía bien y la tristeza se alejaba. Todos a su alrededor reían y festejaban. Azul paró de llorar. Volteó hacia Nube y le agradeció.
- Nube, nube, tú que viajas por el mundo, no me importa si tapas el sol porque ahora sé que tú traes el agua que nos hace vivir. Pero si ves al sol allá arriba dile que, aunque no me vea, lo sigo amando y suspirando por él. Nube le contestó que no era necesario y que pronto ella misma se lo podría decir.
Después de un rato, Nube se despidió de todos y se fue a otro valle. El sol apareció nuevamente, radiante e inmenso como siempre. Azul le volvió a hablar y a quererlo y amarlo como siempre. Anocheció y Azul durmió.
Cual sería la sorpresa de Azul pues al día siguiente, durante la mañana, aparecerían cientos de flores como ella con las que ya no estaría tan sola. Azul les habló del sol, de los árboles, de Nube y de la lluvia. Azul fue feliz.
Cuadratura.
el tao fluye
El tao no permanece
el tao cambia
El tao es un baile de contrarios
el tao danza
El tao es cuadrado
el tao no es cuadrado
Hablar
-Por eso es que susurro lentamente cada noche.
א (Aleph)
descubrí una estrella
a media distancia entre
el pulgar y anular
la estrella brilla
como un sol
mas no deslumbra
ni consume
אַ
la estrella quema
el hielo quema
el fuego quema
la idea quema
אָ
La candela ilumina
el universo
todo el tiempo
la razón
Nada veo
sólo luz
fulgor
ﭏ
Año nuevo, Cadáver nuevo.
En la solitaria esquina de un lúgubre y oscuro bar, la sombra de Personaje tomó conciencia de sí misma y se reveló. Levantó el tarro de cerveza, lo azotó en la cabeza del personaje y se escabulló entre la confusión de pies y sombras posterior al asesinato. Nadie notaría la falta de sombra de Personaje, pero a muchos les pareció que ese era el muerto más muerto que habían visto. La Sombra miró toda la escena a la sombra de un farol. Se sintió libre y pensó…
El beso
Salir al sol, al aire, al espacio inmenso que a través de ventanas, cortinas, hojas, ojos, entra y se cuela por todos lados. Se escurre en cada pliegue de la piel, toma por asalto tus venas, corazón, tus ideas. Nada sirve, todo es externo, todo es iluso. Fuera de mi nada existe y lo que existía dentro mío se ha vuelto irreconocible. En realidad ha desaparecido. ¡Donde están todos, no me dejen! Para que mentir, nadie estuvo, nunca fui capaz de ver los ojos de alguien mas, de sentir una piel de abrasar alguna arruga. Se bien que oler las palabras de los otros es imposible. Todas las orejas se impregnan de olores y no lo reconocen.
Una escalera de mil escalones para bajar al infierno. Una escalera de mil escalones para ir al cielo. No hay escalón alguno que lleve hacia mí. No se bajar, no se subir, no se moverme más allá de mi. El movimiento no existe, nada cambia, siempre el mismo presente, siempre el mismo espacio siempre el miedo, viento siempre el mismo sol, siempre yo, y siempre nada.
Él:
Olores de color negro girando alrededor de una habitación blanca. Sonidos verdes, amarillos, azules girando alrededor mío, dentro de una habitación blanca. Ideas, letras, deseos, ansiedad girando dentro de mi, dentro de una habitación blanca, rodeado de sonidos, rodeado de olores. Todo es movimiento, nada permanece, no hay minutos que sean iguales, las horas son eternas pues todo pasa en ellas. Todo es una ilusión, todo cambia, todo gira, todo brilla y yo estoy inmóvil aquí dentro de una habitación blanca.
¿Podré mover los dedos? Se que puedo imaginarlo. Levantar las manos brincar fuera de esta habitación blanca, brincar kilómetros en un solo salto, recorrer todos los colores con una sola mirada. Tocar todos los rostros, y solamente aspirar los olores de un deseo. Puedo ser un gigante, cargar el mundo en mis hombros y jugar a la pelota con el sol. Ansiedad. Mis dedos nos se mueven, mis pies no avanzan, mis ojos no miran olores y mis orejas nunca hablaron. Espejismos en un desierto que no existe. Las únicas dunas son las arrugas en mi frente. El tiempo tampoco se mueve, pero me gusta pensar que así es.
Yo:
Quiero gritarte, quiero saberte. No existes. No existo. Ni siquiera el deseo puede confirmar que yo sea algo mas que letras. No existo.
Tú:
¿Dónde estas? ¿Dónde estuviste? Deséame, desespera de pensar en mi. Por mas que grito no hay respuesta ni si quiera mis palabras regresan. No hay sonido, no hay palabras, no hay sentidos, nada hay. Nunca estuviste. Nunca estaré.
Nadie:
Un ojo mira dentro de otro que mira dentro del otro y ambos se reflejan y se ven el uno al otro dentro de si mismos. El olfato huele a otro y piensa que es uno mismo. La boca se expande, se contrae, se rompe, se cae y solamente puede creer que esta frente a un espejo. Hay dos que se pierden en el otro, hay dos que se encuentran en el otro. Y solamente encuentran que el otro es el mismo del que salieron. No hay dos, alguna vez hubo uno, ya nada hay. La mirada se pierde al intentar mirarse. El oído se pierde al intentar oírse. El torbellino se aspira a si mismo y desaparece.